Valencia, 18 de febrero de 2026.- El Padre José Luis Sánchez, Presidente de la FED, habla sobre la Creación, la Entropía y el Orden en el Universo
La entropía es una medida del desorden, una magnitud física que indica el grado de degradación de un sistema. La entropía tiende siempre a aumentar.
El universo completo puede considerarse un sistema aislado en el que la entropía nunca disminuye, sino que crece con el tiempo. A medida que el universo evoluciona, pasa a estados cada vez más desordenados, con una energía cada vez más dispersa. El físico Ludwig Boltzmann sostuvo que el universo tiende hacia estados de mayor entropía. En su origen, el cosmos se encontraba en un estado de gran orden; sin embargo, al expandirse, la energía se dispersa y todo parece dirigirse hacia un desorden máximo posible.
El Premio Nobel de Química Ilya Prigogine aportó una perspectiva decisiva: la naturaleza no permanece en equilibrio, sino que vive en un estado permanente de inestabilidad, generando incluso catástrofes. Esta dinámica es, en realidad, una manifestación de la entropía. Sin embargo, el propio Prigogine afirma que cuando un sistema complejo se encuentra lejos del equilibrio, surgen pequeñas “islas de coherencia” en medio del caos, capaces de reorganizar el sistema y conducirlo hacia un orden superior.
La realidad, por tanto, presenta una estructura de orden al mismo tiempo que la entropía actúa en ella. La naturaleza tiende al desorden, pero observamos también la presencia de una fuerza que restaura, que organiza y que introduce sentido, forma y finalidad: la negentropía.
¿Qué es la negentropía? El físico Erwin Schrödinger, en su obra ¿Qué es la vida? (1944), la define como entropía negativa, es decir, todo proceso que crea orden, organización y disminuye el desorden interno. Según Schrödinger, la vida se alimenta de negentropía: combate la tendencia entrópica creando estructuras ordenadas. Este proceso no es extraño a la naturaleza, sino que forma parte de su propia dinámica.
Encontramos estas “islas de orden” en las células, en los organismos vivos y en las estructuras cristalinas. El organismo que evita el desorden surge del mismo proceso natural de autoorganización que rige las estructuras físicas del universo. Esto nos lleva a pensar que el orden y el desorden, coexistiendo, remiten a una realidad inteligible.
Para ilustrarlo, imaginemos un ejemplo sencillo. Supongamos que sobre una mesa reposan 1500 folios perfectamente ordenados que constituyen un manuscrito. Si una ráfaga de viento entra por la ventana, los papeles se dispersan caóticamente. Sin embargo, si al regresar encontráramos de nuevo el manuscrito perfectamente ordenado, la pregunta sería inevitable: ¿cómo ha sido posible? Este ejemplo permite visualizar con claridad la diferencia entre entropía y negentropía.
El científico Howard Hathaway Aiken, considerado uno de los padres del “cerebro electrónico”, sostenía que la segunda ley de la termodinámica indica que el proceso natural evoluciona espontáneamente hacia el desorden. Sin embargo, lo que observamos en el universo es orden. De ahí deduce que debe existir una Causa Primera, de carácter sobrenatural, que fundamenta el orden que percibimos.
El ser humano, por su parte, es libre, mientras que la naturaleza posee sus propias leyes y, por ello, una cierta autonomía. El hombre investiga la realidad y descubre que es inteligible, que puede ser comprendida. Pero si el mundo no hubiera sido creado, no habría sido pensado y, por tanto, no sería inteligible. Una realidad no pensada por nadie no podría ser entendida. En este sentido, los desastres naturales pueden comprenderse desde la autonomía de la naturaleza y la libertad humana.
Para el filósofo Julián Marías, la idea de Creación se impone como una necesidad intelectual: sin ella, el pensamiento queda en la zozobra. Algo similar sucede con la teoría del Big Bang: si no existe una realidad originaria que dé lugar a la primera explosión de la que surgen galaxias y constelaciones, el proceso mismo carecería de fundamento. Crear significa poner en la existencia una realidad que antes no existía: ese primer principio.
El universo tiene un comienzo en el tiempo, y la persona humana también aparece como una realidad nueva. Cada persona posee un “plus de realidad” que la hace única e irrepetible. Los científicos no logran explicar plenamente el origen de ese rasgo distintivo. La científica Natalia López Moratalla sugiere que ese plus de realidad puede entenderse como un diálogo entre la materia y el alma humana, presente desde el primer instante de la concepción.
El ser humano es irreductible porque es ex novo y ex nihilo. Es una alteración radical de la realidad: piensa, crea, ama, sufre y transforma conscientemente el mundo que le rodea. En cada acción humana se manifiesta la capacidad de introducir novedad en el universo. Por eso, cada biografía es única.
Finalmente, el conocimiento científico de que el universo tiende hacia su disolución permite comprender que, así como tuvo un principio, también tendrá un final.
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Conclusión
El universo se presenta como una realidad en tensión entre el desorden y el orden, entre la entropía y la negentropía. Esta tensión no conduce al absurdo, sino que abre a la pregunta por el fundamento último del ser, por la inteligencia que sostiene la realidad y por el sentido de la existencia humana en el conjunto del cosmos.
